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miércoles, 12 de junio de 2019

Cruzada orcurantista sobre los hombros de una niña

Erwin Bazán, y el padre Jordá, en representaciòn de la iglesia oscurantista, posan junto a un profesional de la salud a lado de la incubadora en que se encuentra la bebé prematura, nacida de la violación a una niña de 14 años. 
Por: Mila Matías

No es el bendito fruto del vientre de una virgen concebida por obra y gracia del Espíritu Santo. No es una de esas historias de fantasía que nos siguen contando en pleno siglo XXI. Es el fruto de la violación de un hombre de 43 años sobre una niña de apenas 14. Ella era la trabajadora y él, el patrón. Pero, aun así, la iglesia en pleno se regodea haciendo bandera de una injusticia -tanto para la niña violada (hoy madre) como para la bebé nacida prematura- , e intentando presentar como milagro un acto abominable por donde se lo vea.

“Me ha tocado como una especial bendición (…) apadrinar espiritualmente a una sobreviviente del aborto, a una bebé que se convierte en la denuncia viva de una cultura de la muerte, de leyes que engendran muerte”, de esta forma se refería Erwin Bazán, secretario de la prensa del Arzobispado de Santa Cruz y autonombrado padrino de la bebé, que en un acto más de su campaña oscurantista la bautizaron Victoria.

Se sienten victoriosos -¡cómo no!- de que una niña no haya podido decidir libremente, obligándola a ser madre cuando ella jamás así lo quiso, sin reparar en el dolor, ni el daño irremediable, ni en los sueños frustrados de una niña de escasos recursos que, para seguir viviendo, estudiando y pensando en un futuro posible tuvo que optar por trabajar y terminó siendo violada.

No hubo aborto, obligaron a parir a una niña

“Bebé sobrevive a un aborto” se apresuró a titular la prensa amarillista. Pero acá no hubo aborto, acá hubo inducción a un parto prematuro. Agarrándose de la objeción de conciencia, se negaron la solicitud de una niña violada. Obstaculizaron el acceso a un aborto no punible con la prontitud que merecía. Dilatando el proceso, que debió ser expedito (24 horas), se obligó a una niña a cursar un embarazo hasta la semana 26 y se la obligó a parir. Así de atroz. Una abominación donde el Estado tiene su alta cuota de responsabilidad, porque no tuvo la voluntad política de contrarrestar la objeción de conciencia, designando de forma inmediata a otros profesionales médicos que cumplan la norma haciendo posible el acceso a un aborto en caso de violación a una menor de edad.

No hablen de aborto señores, acá se obligó a parir a una niña. Eso es lo real. La han forzado a una maternidad que ella no decidió ni deseó. Eso es tortura. Eso es violencia.

Este parto prematuro representa la cultura de la violación y de la impunidad sobre miles de mujeres y niñas. Es la manifestación viva del atropello que se comete contra las capas más pobres de los explotados, contra las mujeres y niñas trabajadoras. Contra las burguesas, no. Ni tampoco contra las pequeñoburguesas acomodadas. Ellas abortan en clínicas de lujo, allí donde la objeción de conciencia se la guardan en el bolsillo, junto a la marmaja de dinero que se cobra por un aborto -clandestino pero seguro. La desgracia de esta niña fue ser pobre, no poder pagar un aborto clandestino y aferrarse a una ley que no se cumple.

Como Pedro por su casa…

La “sacrosanta” iglesia dice estar acompañado a la niña victima de violación “con todos los medios necesarios” y que en coordinación con la Defensoría de la Niñez (¡qué despropósito!) han asignado una psicóloga -perteneciente al Servicio de Orientación Familiar de la Iglesia católica- para “asesorar” a la víctima. ¿Para que asuma la maternidad tal vez?

¿Por qué la iglesia tiene que meter sus sucias manos en un asunto que le compete al Estado? ¿Sucias manos? Sí, porque están pringadas de los aberrantes casos de pedofilia que, como institución, encubrieron hasta el cansancio.

Resulta que ahora, en plena vigencia del “Estado Laico”, caminan por los hospitales cual Pedro por su casa. Tienen acceso a la víctima. Meten sus narices por donde se les antoja y, con total impunidad, introducen su hipócrita moral al seno de una familia signada por el dolor y el sufrimiento. Se regocijan y publicitan sus “logros” por todos los medios. Ahora dicen que consiguieron que una tía de la víctima acepte hacerse cargo de la bebé. Es decir, que la bebé se queda en el seno familiar, como una lacerante herida sobre la niña violada.

A ellos, no les importa las víctimas, ni la niña violada, ni la bebé prematura. No se harán cargo. Por eso el flamante padrino llama que “adoptemos a Victoria en nuestros corazones”. Dictar normas morales y luego lavarse las manos, es lo único que saben hacer los hipócritas.

Pero, es el Estado quien permite que la iglesia se tome atribuciones que no le competen. Porque estamos no sólo ante un atropello clerical, sino frente a una cruzada del Estado y la Iglesia para someter a las mujeres más pobres. Porque para la Iglesia, como para el Estado burgués, las mujeres no son nada más que úteros, incubadoras vivientes que producen hijos, no importa si estos son producto de violaciones, no importa si las violadas son adultas o niñas y tampoco importa el destino que vayan a correr estos hijos. El Estado y la Iglesia deliberan y deciden sobre el cuerpo de la mujer, la obligan a parir, pero luego se desentienden, y la maternidad se lleva en las condiciones más deplorables (desempleo, trabajos precarios para las familias trabajadoras, pésimos sistemas de salud y educación etc.) con la -¡ahora sí!- absoluta ausencia del Estado. Es ahí que la iglesia aparece nuevamente, cumpliendo su rol de garante del estatus quo, adormeciendo a los pobres y resignándolos a sus padecimientos impuestos por un sistema de opresión y de violencia.

¡Basta!

La injerencia de la iglesia es violencia y sometimiento para las mujeres y el pueblo. Hoy más que nunca es urgente levantar nuestra voz por la separación de la Iglesia del Estado. No sólo hay que expulsarla del sistema educativo y del sistema de salud, hay que expropiar todos sus bienes. Ruta contraria a la asumida en la flamante Ley de Libertades Religiosas, donde se le extiende los privilegios.

¡Basta! Desde nuestras entrañas, desde nuestra opresión cotidiana, salgamos a luchar y a organizarnos contra este sistema, maquinaria de explotación y opresión hacia nuestra clase y hacia nuestra condición de haber nacido mujeres.


jueves, 6 de junio de 2019

De superexplotadas a desempleadas

Por: Mila Matias

El gobierno municipal de Cochabamba ha decidido dejar en la calle a aproximadamente 300 obreras del PLANE (Plan Nacional de Empleo de Emergencia). Se trata de mujeres trabajadoras pobres, muchas de ellas enfrentan la maternidad en soledad, y que en total abandono han optado por este tipo de empleo temporal, con los sueldos más bajos, sin beneficios, aguinaldos, etc. Es decir, un empleo caracterizado por la precarización y comandado por el propio Estado, en este caso la alcaldía cochabambina.


Está de por medio la licitación de la limpieza de la laguna Alalay a una microempresa. Y vaya a saberse cuál y en qué condiciones.  Es secreto a voces que los procesos de licitación en las instituciones del Estado se realizan a base de negociados y coimas.


PLANE, el rostro de la precarización laboral femenina

El PLANE pone al descubierto la cara antiobrera y de políticas de precariedad laboral de los gobiernos neoliberales -que el MAS se apropia como suyos. El Estado boliviano en 2001 se calzó el látigo de patrón para superexplotar directamente a obreros, en vez de ofrecer empleos de calidad y bien pagados.  Todo esto lo hizo con el pretexto de que el Estado impulsaba los empleos, incrementaba la “transferencia de recursos a los más pobres”, cuando en realidad participaba del festín de fuerza laboral desesperada. 

El PLANE ofrece empleos temporales, sin beneficios sociales y con un sueldo miserable; por la realización de trabajos de mantenimiento de obras, empedrado de aceras, limpieza de canales, etc. Un trabajo esforzado y mal pagado, que es desempeñado generalmente por mujeres.  Son tan duras las tareas que el programa no acepta mujeres en estado de gestación por el esfuerzo físico que requiere este tipo de empleo.

Este tipo de políticas pone de manifiesto la vía adoptada por los gobiernos en el tema empleo: la flexibilización laboral.  Un requisito para “beneficiarse” con el PLANE es ser parte de la población vulnerable (mujer, pobre, joven, desempleado). Es decir, estar en una situación de desesperación tal que se vuelva necesario aceptar cualquier trabajo, precario, temporal y mal remunerado, sin seguridad social de ningún tipo.  Puesto que la persona es contratada sólo por el lapso de tiempo que dure la obra, que puede ser desde una semana hasta 3 meses, y luego entra en paro hasta esperar un nuevo contrato.  Y es que el en capitalismo ser superexplotado, resulta siempre mejor que ser desempleado.

Política de generación de empleo en Bolivia: precariedad, sobre todo

Más allá que el PLANE -fracaso, porque no pudo paliar el desempleo- el gobierno se jacta de que los niveles de éste han disminuido. “Hemos presentado el dato oficial al cuarto trimestre del año 2017 que da cuenta que la tasa de desempleo es de 4,48 %, que nos sitúa entre los países que tenemos la menor tasa de desempleo de la región”, se llenaba la boca la ministra de Planificación, Mariana Prado. (El Deber, 2018).  Sin embargo, lo cierto es que en Bolivia no hay que buscar en el nivel de empleo, pues el problema en el país radica en que los empleos son los de peor calidad, y muchas veces “autoempleos”.

¿Quién en Bolivia puede decir que tiene un empleo estable, bien remunerado, con beneficios sociales y que no sea en condiciones de superexplotación? 

Sucede que las cifras oficiales de desempleo tienen a ocultar el subempleo. Datos de desempleo bajos en un país, puede ser síntoma de que existe un gran mercado laboral informal o que muchos potenciales trabajadores se han rendido y han dejado de buscar trabajo.  “Economistas del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla), han advertido que una gran parte del empleo pertenece al sector informal, lo que los hace muy precarios.” (EL DIA 2018).

Evo Morales y la Ministra de Planificaciòn anunciando el Plan Generación de Empleo, junto a la Confederaciòn de Empresarios privados y la CAINCO

El Plan de Generación de Empleo, subsidio a la ganancia de la patronal

La política estatal en torno al empleo, no es prioridad, aunque así pretendan mostrarlo con su reciente Plan de Generación de Empleo (PGE). Recordemos que, sin remordimiento alguno, el gobierno dejó a 1200 trabajadores en la calle, con el cierre de Enatex en 2016. Mismo destino que sufrieron los trabajadores de Ecobol (correos de Bolivia) a principios de 2018.

Si tenemos en cuenta que en el país la población económicamente activa asciende al 61,1% (casi 7 millones de habitantes) y que con cifras oficiales 600 mil personas estarían desempleadas en el país, el tan publicitado PGE (puesto en marcha por el Ministerio de Planificación y Desarrollo en 2017), es insuficiente. Se propuso generar 58 mil empleos a mediano plazo, y de 2018 a 2019 habría generado apenas 6 mil empleos.

Pero no sólo tiene un limitado alcance, hay que observar también la calidad del empleo. Se trataría de empleos que están en el marco de proyectos de infraestructura y mejoramiento urbano o rural. “Estos puestos de trabajo fueron temporales. Lo que ha generado este plan, en mayor número, son empleos temporales, es decir, más empleos precarios” aseguraba investigador Bruno Rojas en una entrevista a Correo del Sur (julio de 2018).

Como si no fuera poco, el Plan involucraba incentivos a las instituciones y empresas privadas que promuevan la inserción laboral. El estado se haría cargo de los costos del pago a la Caja Nacional de Salud, y no la empresa privada. De este modo la empresa tendría un ahorro de alrededor de un 30%, es decir que el Estado asumiría costos que debiera asumir la patronal de la empresa privada.  Y en el caso de los empresarios que ingresan a licitaciones realizadas por el estado y que contratan trabajadores jóvenes, reviven una bonificación del 5%[1].  Así, los planes de generación de empleo, no terminan beneficiando a los trabajadores, sino a la patronal, a quienes el “proceso de cambio” les termina subsidiando la ganancia.

Es ahora, cuando las organizaciones de izquierda y aquellas que dicen defender los derechos de las mujeres debieran manifestarse y solidarizarse contra el despido de las trabajadoras del PLANE.


lunes, 13 de mayo de 2019

Ley de Libertades Religiosas: El Estado al servicio del poder clerical

Por: Habichuela Roja



La reciente aprobación de la Ley de Libertades Religiosas, contrariamente a lo que afirma el gobierno, no se formuló para garantizar el ejercicio del derecho que cualquier ciudadano tiene de profesar,  o no, libremente una religión.  Esta Ley, niega en los hechos, el ESTADO LAICO (CPE, 2009), porque se centra en extender  para las  iglesias evangélicas, los privilegios de que gozaba la iglesia católica.

Como buen bonapartista burgués Evo Morales, que nunca dialoga con los sectores populares,  se sentó a negociar -entre sonrisas y halagos-  las demandas de las iglesias evangélicas. Bajo las luces de las fiestas de fin de año, el 24 de diciembre del año pasado, Morales, junto a una delegación de alto nivel (ministro de la Presidencia y los presidentes de las dos Cámaras legislativas) recibió en la Casa del Pueblo -en audiencia privada-  a los principales representantes de las iglesias evangélicas. Ahí se transó la elaboración de la Ley promulgada en abril de este año.

Más impuestos para los trabajadores y menos impuestos para los lucradores

Una de las concesiones más importantes  que hace esta ley a las iglesias evangélicas, es aquella que les permite seguir asaltando los bolsillos de sus creyentes y sin pagar impuestos reales al Estado.

En medio de una reforma tributaria anti-obrera en camino, que sacudirá aún más los bolsillos de las familias trabajadoras y beneficiará también más a los grandes capitalistas, las iglesias evangélicas gozarán de impuesto diferenciado,  gracias a que en esta nueva Ley figuraran como “instituciones sin fines de lucro”. Nada más falso. Toda la población sabe la vida de lujos que tienen los líderes religiosos, gracias a los diezmos de los creyentes pobres a los que la religión los vuelve más pasivos,  pues alivian su realidad económica de supervivencia esperando el paraíso prometido en la “otra vida”.  

Se garantiza la injerencia moralista religiosa en la educación

El gobierno y la iglesia saben que la clave para que la población abrace las doctrinas pro estatus quo es controlar la educación. Es decir, que para tener nuevas generaciones de ovejas sumisas deben intervenir en los colegios. El pacto Gobierno-Iglesias fue sellado tanto en una reunión con la iglesia evangelista, donde su representante manifestó: “Nos llenó de mucho ánimo escuchar al presidente pidiendo a la Iglesia evangélica que sea un aliado en los temas sociales”; así lo hizo en una reunión anterior con la iglesia católica -en julio del año pasado-, con la presencia del recién ungido cardenal Ticona. El punto común fue la coordinación conjunta de “proyectos sociales que preserven valores y resguarden la vida y la familia”. ¡Los valores machistas y el resguardo de la vida de un embrión por encima de la vida de las mujeres que se ven obligadas a abortar, está claro!

Así, el gobierno dio la venia a las iglesias para implementar sus programas educativos doctrinarios, no sólo en sus espacios de acción  -como colegios de convenio, universidades católicas y evangélicas- sino, en otros espacios no confesionales abiertos por el gobierno. Es decir, un rol que le pertenece exclusivamente al estado, se estaría delegando a las iglesias conservadoras, reaccionarias, machistas, homofóbicas,  anti-aborto legal y pro violencia hacia las mujeres, enemigas de la educación sexual y científica, en resumen: ANTI DERECHOS.

Una alianza estratégica

La Ley de Libertades Religiosas, y los constantes “acuerdos” (pactos) constituyen nuevas concesiones al poder eclesial para que cumpla su rol de contención de las luchas -mucho más en épocas de crisis venideras-, la mantención del orden social vigente, que oprime doblemente a las mujeres. El gobierno representante de la burguesía nativa y partidario del orden social explotador existente, tiene hoy en las iglesias evangélicas -así como ya tenía en  la iglesia católica- a los garantes para que las masas trabajadoras en vez de revolución pidan resurrección.

Al gobierno de Evo Morales que hoy se encuentra en una crisis política profunda, este pacto con la iglesia evangélica le garantiza la votos para las elecciones presidenciales.

Las mujeres y los niños las víctimas eternas del poder clerical

La ideología de subordinación para las mujeres y poder patriarcal para los hombres -principalmente para los curas o líderes religiosos- que predican todas las iglesias en general de la mano del régimen de opresión capitalista, es la responsable de la violencia que sufrimos mujeres y niños por igual, como elementos del último eslabón de poder y dominación.

No importa que las madres bolivianas seamos las que garanticemos el sustento de nuestros hogares a través del trabajo informal o de asalariadas, o a la vez sigamos de esclavas en el hogar -ahí nos quieren- , para la iglesia siempre tendremos un rol subordinado respecto a nuestras parejas, padres, hermanos, etc. Por ello se creen con el derecho de disponer de nuestros cuerpo  y nuestras vidas. En lo que va del año hay una treitena de feminicidios, así mismo, múltiples e indignantes casos de abuso y maltrato infantil. Sólo las dos últimas semanas de abril los casos públicos de tres niñas de 11, y 13 años en Pando, Santa Cruz y El Alto violadas y embarazadas y obligadas a seguir su embarazo o  abortar en la clandestinidad y morir. Todo esto y más con la sacrosanta bendición de la iglesia.

Mientras el mundo condena al Vaticano por el encubrimiento de los curas pederastas (escándalo que justamente hoy pone a las iglesia católica en una de las mayores crisis institucionales), se suma la crisis económica  en Bolivia y el Mundo, que permite a las iglesias evangélicas, nutrirse de masas trabajadoras.

Exigimos un Estado Laico

Mientras continúe la  alianza criminal entre Estado  y la Iglesia,  nuestra situación de opresión, violencia y pobreza continuará. En Bolivia, formalmente “rige el Estado laico” pero como todas las reformas progresistas hechas por el MAS, han sido formuladas para el discurso. En la práctica Evo Morales les da más poder a los jerarcas de las iglesias que viven alejados de la realidad de sus bases de creyentes y  reciben beneficios por partida doble: evadiendo impuestos (a través de exenciones impositivas) y a través de los diezmos.

La vulneración al principio de Estado Laico,  se relaciona con los intereses de opresión de las clases explotadas que tienen los capitalistas. La Ley de Libertades Religiosas no sólo amplia los privilegios de las iglesias sino sobrepone los derechos de éstas por sobre los derechos de los ciudadanos.
Exigimos se garantice el Estado Laico, que significa cero financiamiento o inversión presupuestaria estatal para las iglesias, nula intervención de las iglesias en la educación, educación sexual laica, científica e integral, suplantación de los feriados religiosos por días libres para las familias trabajadoras sin imposiciones de las agendas religiosas, debate del aborto sin intromisión de los moralismos religiosos. Libertad de culto sí, pero sin privilegios ni apoyo estatal a las instituciones religiosas.

Hay que luchar por la anulación de la Ley de Libertades Religiosas, que está hecha para privilegiar a las instituciones religiosas por sobre cualquier otro ciudadano.

miércoles, 1 de mayo de 2019

La masificación del trabajo femenino


Por: La Hoz
La historia del primero de mayo y la lucha de los obreros de Chicago es la historia de obreros y obreras por igual.  Las trabajadoras no sólo se han incorporado a la esfera laboral sino que han sido portadoras de las ideas de rebelión que encumbró el movimiento obrero a nivel mundial.

En los albores del capitalismo
El desarrollo de la economía en el capitalismo ha jaloneado a la mujeres de muchas formas para hacerlas partícipes de la producción social.  Su incorporación al mundo laboral, que la sacó de su relegamiento en la esfera doméstica, empezó en los albores de la sociedad industrial.  La mujer, como el varón, y los niños, ha posibilitado con incontables sufrimientos el surgimiento del capitalismo en la llamada acumulación originaria.  El nuevo modo de explotación en sus inicios devoró a contingentes humanos, haciendo exclamar al fundador del socialismo científico, que esta sociedad de la acumulación vino al mundo chorreando de sangre y lodo de la cabeza a los pies. 
Una de las principales maneras en que la mujer fue incorporada a la producción social es el desarrollo de la técnica.  La evolución de la industria, en sus diversas etapas, promovió el ingreso de la mujer en la esfera productiva, sobre todo al simplificar las tareas.  Los sectores con menor desarrollo técnico del capitalismo también se sirvieron de la participación femenina, al pretender encontrarla más vulnerable y dispuesta a realizar cualquier trabajo.  En fin, las tristemente célebres industrias a domicilio, que aun pululan hoy en día con vigor, han hecho su parte en la obra de subyugar de la manera más vergonzosa a la mujer. 
Aun así, varias ramas de la producción se siguen considerando predominantemente femeninas, en razón al tipo de tareas manuales que las mujeres realizan con mayor destreza que los hombres.  Mientras que otras ramas tradicionalmente femeninas ya son compartidas con los varones gracias al desarrollo de la técnica misma.
En las últimas décadas estamos asistiendo en Latinoamérica a una generalización de la intervención femenina en la esfera productiva.  La figura del varón “proveedor”, que otrora se llegó a conocer en estas latitudes, deja paso a la de ambos cónyuges que se desempeñan en la actividad laboral.  La hipocresía de la sociedad burguesa se llena la boca para hablar de los valores de la familia, cuando la familia obrera va siendo desgarrada en el día a día. 
La incorporación de las trabajadoras al mercado laboral coloca en mayor ventaja al capital al presionar a la baja los salarios por la mayor oferta de mano de obra.  Y si los salarios son presionados a la baja por la oferta de brazos femeninos, son las mujeres las que precisamente se llevan la peor parte, recibiendo los pagos más reducidos.  La doble explotación de la mujer se funda en que el capitalismo va a mantener a las mujeres en las peores condiciones de trabajo y remuneración, mientras ellas aún llevan la carga de las labores domésticas, principalmente la crianza de los hijos. 
Pero si las cadenas de la mujer resultan mayores, si su doble explotación estrella su existencia para hacerla añicos, por otra parte la mujer trabajadora está llamada a levantarse más temprano que tarde para buscar su liberación.  El camino de su liberación es más ancho, su rebeldía más necesaria, y en buena hora las trabajadoras se unirán en lucha para destruir todo lo que las oprime.  Los obreros no pueden sino alegrarse de tener a su lado al gran baluarte de lucha que son las trabajadoras. 

La masificación del trabajo femenino

Bolivia no se está ajena a esta realidad de las trabajadoras del mundo.  La incorporación de las trabajadoras al mercado de trabajo ha crecido al afectar a una de cada dos mujeres, cuando en 2001 se consideraba solo a 1 de cada 3.  Si en 2001 la población ocupada femenina era de alrededor de un millón, en 2011 se estimó la misma en 1,5 millones.  Un crecimiento extraordinario para un breve periodo de tiempo.  Y de entre esta cantidad de mujeres ocupadas, algo menos de 1 millón (45%) son obreras asalariadas, incluyendo las trabajadoras del hogar.
Pese a que el gobierno considera que los trabajadores y trabajadoras se encuentran en una inmejorable situación, los estudios sobre las condiciones laborales y el empleo en el país indican que se está viviendo una situación de crisis del empleo por la pérdida creciente de su calidad.  De acuerdo a ello, se está generalizando la precariedad laboral en todas las ramas de la economía, y se incrementó la cantidad de empleos precarios extremos (de un 22 de cada cien a un 50 por cada cien desde 2001 a 2011).  La precarización afecta más a las mujeres, siendo que 65 de cada 100 mujeres ocupadas caen en esta situación, mientras que de los hombres la razón es de 47 de cada cien. 
Ni duda cabe que el trabajo de las mujeres tiene mayores dificultades; además que se realiza en las condiciones más precarias, con inestabilidad laboral,  y con las peores remuneraciones.  Ser mujer coloca a la trabajadora en una situación más ardua, al tener que ser considerada por la patronal como de menor rendimiento, el ser "poco apta" para el trabajo físico, o el hecho de entrar en la maternidad que los patrones no perdonan.  Ser mujer trabajadora tiene que ver con tener mayor inestabilidad laboral que los hombres, así como los salarios más miserables (69 por cien en 2011 ganaba menos que una canasta alimentaria). 

En este día comprobamos que las trabajadoras y los trabajadores estamos juntos.  Si 1 de cada 3 obreros es mujer, se tiene que decir que en buena hora las mujeres estamos en las filas del proletariado.  Llegó la hora de levantar la cabeza y echar a andar, de la mano de las y los compañeras de clase.  Mujeres trabajadoras, nos sentimos cada vez más fuertes en número y nos toca avanzar sobre las tareas históricas que toca a nuestra clase en estos tiempos. 
¡Revolución para detener la barbarie!

* Se elaboró utilizando datos del CEDLA